Hoy al pasar junto a un jardín cerca de mi casa, recordé una cita en el primero de los Salmos de la Biblia y me puse a reflexionar sobre lo que esto significa y que tipo de interpretación podría dejarme esta enseñanza.
Te invito a leer juntos los primeros tres versículos del Salmo uno.
"Dichoso el hombre que se complace en la ley de Jehová. Es como un árbol plantado junto a corrientes de agua, que da a su tiempo el fruto y jamás se amustia su follaje; todo lo que hace le sale bien."
Pensaba en esta clase de espiritualidad que nos presenta el salmo y porqué la compara a un árbol.
En primer lugar, un árbol para poder crecer necesita de una buena nutrición, ya sea regada por un humano o por las lluvias del cielo. Está integrado a la creación por el ámbito donde ha crecido. Tiene un propósito de estar ahí. Tiene contacto por sus raíces en la tierra y extiende sus ramas hacia el cielo. Dicho de esta manera, éste ve la vida desde la siguiente perspectiva: Sus nutrientes son obtenidos desde lo profundo produciendo sabia que lo ayuda a curarse y a crecer.
Una espiritualidad arraigada en la tierra y tendida hacia el cielo me habla de mi mismo y de una manera de ver y comprender la vida. Citando a Wunibald Muller en el libro "Lo que enferma y lo que sana al hombre":"Una espiritualidad conectada a tierra, sana, contribuye a que la persona sea capaz de amar realmente, a que en sus relaciones y encuentros tenga la experiencia de ser amada."
La capacidad de amar no nos llueve del cielo. La adquiriremos a las etapas del desarrollo que nos irán capacitando paulatinamente para ponernos en el lugar del otro y amarlo verdaderamente. No olvidemos también la importancia que tiene cuidarnos, ya sea de cualquier daño que podamos infligirnos o que otros puedan hacernos. Muller continua citando:"Una espiritualidad conectada a tierra contribuye a que tengamos una actitud positiva frente a nuestro cuerpo, a tratarlo con cuidado y cariño. Se interesa por la salud de éste y quiere cooperar para que sigamos sanos o recobremos la salud." Estas sabias palabras nos recuerdan que debemos cuidarnos de nuestra alimentación, por ejemplo, de malos hábitos que nos contaminan, el estrés, en resumen, de cómo fomentamos nuestra salud física, mental, emocional.
No hay atajos hacia el camino espiritual. Conlleva tiempo y paciencia. A menudo hay personas que se limitan a lo "celestial" evitando pasar por la instancia de lo humano y cotidiano, porque esto llevaría esfuerzo y la posibilidad de escarbar aspectos que en mí estarían aún sin resolver. Pero si no nos animamos a transitar todas las etapas de nuestro desarrollo como personas, analizando los aspectos que me incomodan de mí o me perturban, será más complicado y tedioso extender nuestras ramas hacia al cielo. Según sostienen Thomas Merton y C. G. Jung, el camino a la realización personal es a menudo el más difícil porque es una senda donde no se elude el miedo ante el próximo paso que haya que dar. Exige asumir el miedo, soportarlo, a veces incluso luchar contra él, pasar por él para avanzar y arribar a una nueva libertad.
Me despido con esta hermosa oración de San Nicolás de Flué que me hizo muy bien. Quisiera compartirla con vos.
Señor, sea mi vida a tus ojos como un árbol,
Señor, sea mi oración a tus ojos como un árbol.
Dame raíces que se hundan en la tierra,
para que me afirme en los tiempos antiguos,
para que arraigue en la fe de mis padres.
Dame fuerza para desarrollar un tronco fuerte,
a fin de estar erguido en mi lugar,
sin vacilar,
aún cuando rujan las tempestades.
Señor, sea mi vida a tus ojos como un árbol,
Señor, sea mi oración a tus ojos como un árbol.
Concede que de mí surjan ramas libremente;
que se fortalezcan como hijos míos
y se tiendan hacia el cielo.
Dame futuro,
que reverdezca mi follaje,
que luego del invierno
vuelva a florecer la esperanza,
y cuando sea el momento oportuno,
que yo dé frutos.
¡Que tengas un feliz día!

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